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CREER HACER - PAEZ

“Daniel Cerezo: un ejemplo de vida, innovación y liderazgo”

ARGENTINA

Por Ramón González

Daniel Cerezo (32), músico de profesión, psicólogo social y además trabaja en los barrios ayudando a las personas a salir adelante. Se considera un padre y esposo dedicado, vive con su familia en un complejo habitacional de San Isidro. Accedió a una entrevista para #MuchoconPoco y nos recibió en la empresa PAEZ, donde se desempeña como Gerente de Felicidad.

Nacido en San Juan, llegó a la Capital con sus padres y sus cinco hermanos con la ilusión de un futuro mejor para todos, pero las cosas no se dieron como esperaban: primero vivieron en el garaje de una tía y al poco tiempo la sorpresiva muerte de su padre los dejó a la deriva. “Nos quedamos en la calle. Ocupamos un terreno en la villa e hicimos una casa con lo que pudimos. Mi mamá era portera y yo con 5 años salía a hacer changas para ayudar con los gastos. Muchas noches, lo único que cenábamos era pan y agua. Fuimos pobres de verdad”, recuerda.

Actualmente trabaja en dos proyectos muy grandes, el primero es como Gerente de Cultura y Felicidad de la fábrica PAEZ que realiza calzados con diseño personalizados. Según cuenta, allí su tarea principal como Gerente es mejorar la calidad de vida de las personas que forman parte de la “Comunidad PAEZ”, rompiendo con el esquema del mundo del trabajo. “Armamos una vida feliz. Esta empresa se propone ser la más amada del mundo. Para eso, la gente que trabaja acá tiene que amar lo que hace. Yo estoy para eso: para mimarlos, y que pasen bien. De escucharlos y saber qué les pasa. De generar proyectos para que el clima de laburo sea agradable y que los empleados estén siempre motivados, porque de esa forma su calidad de vida mejora”, explica.

Por otro lado fundó una organización que se llama “Creer hacer” que busca mejorar la calidad de vida de las personas desde los 3 sectores, el sector social, privado y el gubernamental.“Lo que hacemos desde ahí son proyectos que extiendan puentes para que estos 3 sectores puedan dialogar, armen proyectos en conjunto y así poder ayudar a las personas”.

Luego de recorrer por las diferentes oficinas de PAEZ, llegamos a una amplia sala muy colorida, con una imponente mesa de ping pong en el centro, “Es el mejor lugar de esta empresa, nuestra sala de entretenimientos”, me dijo y luego agregó casi sin dudar ¿jugamos un partido?. Le dije que sí y empezamos a jugar. Esta es la primera parte de este ping pong de preguntas y respuestas.

‍Foto Catalina Bartolomé para Revista Ohlala

¿Cómo es trabajar para la gente?

Es una pregunta muy buena pero la respuesta es un poco engañosa, uno a veces piensa que trabaja PARA la gente, yo personalmente digo que trabajo CON la gente, que es muy diferente. Pero en el fondo yo trabajo por mí, porque me encanta hacerlo, amo hacer esto, me genera mucho placer construir con el otro un proyecto, ver que esa persona tenga una oportunidad y ver el crecimiento de esa persona y decir que uno fue parte de ese crecimiento, laboral, espiritual, profesional y te diría el crecimiento como persona de riqueza humana. A mí me apasiona generar un mundo mucho más equitativo, generar oportunidades y condiciones de igualdad, obviamente que cuando más personas aprovechen esa oportunidad es mucho mejor. También lo hago porque constantemente me gusta construir y aprender con el otro, todas las cosas que hago es porque me gusta construir con una comunidad tan distinta que la de uno o tan igual como la de uno. Trabajo en villas y trabajo en empresas, me voy a dar charlas en el Sheraton o me voy a dar la misma charla en las cárceles, esa variedad de cosas me ha hecho una persona con una riqueza del alma increíble.

Esa felicidad por ayudar a las personas de la que me hablas, ¿dónde tiene su inicio?

Yo no creo que ayudo a nadie, la palabra ayuda para mi es bastante compleja, yo lo que hago es brindar acompañamiento y facilitar procesos para que otro pueda desarrollar las mismas potencialidades como hicieron conmigo; brindo oportunidades, yo nunca sentí que me estaban ayudando. Esto empieza a los 9 años cuando yo quería ser músico, era un pibe que estaba constantemente en la calle, no tenía padres, no tenía a veces para comer y estando en la calle un amigo me invitó a tomar clases de música en el centro cultural comunitario “Creer vale la pena” que estaba muy cerca de donde yo vivo. Voy a esta clase porque quería aprender a tocar cumbia que era lo que yo amaba, siempre soñé con ser artista. Las clases de piano era con la Maestra Liliana Alpern, concertista de piano que daba clases voluntarias una vez por semana para chicos que querían aprender, yo fui y le dije que quería aprender a tocar músicas de la bomba tucumana y me dice yo no la conozco pero si me traes un casete de Gladys yo te puedo enseñar. Eso fue increíble, ella me enseñó que uno para poder dar y no ayudar porque para mí “Ayudar” es te doy lo que me sobra, el resto, y ella no, ella compartió sus conocimientos conmigo, me enseñó a amar a música, lo más profundo que cada uno tiene que es la pasión que uno tiene adentro. De hecho si ella me hubiese querido enseñar a tocar Beethoven de un principio creo que jamás hubiera vuelto a dar clases con ella, pero ella primero investigó que me gustaba y al año había aprendido cumbia y le dije ya está profe, no puedo aprender más nada después de la cumbia y me dijo “no Daniel, vos tenes un montón de cosas para aprender” y luego vino lo demás, me enseñó a tocar Beethoven, Piazola, Bartok y Debussy y ahí me empecé a dar cuenta que alguien me escuchaba y que le importaba y que iba conduciendo conmigo un camino. A los 14 años la Maestra me dice “mira Dani vos ahora tenes que devolver al centro cultural lo que aprendiste”, le dije que no tenía un mango para pagar las clases y me dijo que podía enseñar o que había aprendido, esa idea me fascino me desafío, porque ella estaba viendo un potencial en mí que ni yo sabía que tenía. Entonces a los 14 años empecé a ser profesor, yo me sentía con un orgullo, me decían “profe”, no era más el pibe que se mandaba cagadas en la esquina del barrio, era el profesor que podía enseñarle piano a los hijos de mis vecinos, y creo que ahí nació mis ganas de compartir mis conocimientos con los demás.

“La peor pobreza es la pobreza humana, y la incapacidad que uno tiene de proyectarse…”

¿Qué es la pobreza?

La pobreza tiene una variedad de significados, yo descubrí que la pobreza poco tiene que ver con lo económico, que la peor pobreza que yo vivía no era el frío que sufría a la noche, sino la poca capacidad que tenía para proyectarme, nunca pensé que iba a terminar el secundario, no había la posibilidad de estudiar una carrera, ni llegar a trabajar en una empresa y menos como Gerente, yo pensé que iba a ser un operario. Pensaba que era extremadamente pobre, sin embargo cuando me di cuenta que yo podía enseñar y dar lo poco que tenía. A mí me daba vergüenza vivir donde vivía. Pero entendí que, al mismo tiempo, tenía a mi lado un montón de amigos, el amor de mi mamá y de mis hermanos. La peor pobreza es la falta de dignidad, el sentirse que uno es menos por no tener dinero o no poder ir a una universidad, pero la peor pobreza es la pobreza humana, y la incapacidad que uno tiene de proyectarse.

Hoy en día ¿cuáles son tus riquezas?

Hoy en día mis riquezas son mis hijos, mi mujer, mis familiares, mis amigos, lo que voy aprendiendo de cada persona que se me cruza en el camino, que tienen realidades distintas pero historias propias, es un lujo conocer a todo tipo de personas.

Foto Juan José Traverso para Clarín

Entre tus historias, mencionaste haber trabajado en un penal, ¿cómo te cambió la vida esa experiencia?

Me cambió bastante, porque lo primero que eliminé fue la pobreza del prejuicio, como uno tiene tanto prejuicio por estas personas que son lacras y ratas que hay que matar porque por algo están ahí dentro. La verdad que lo primero que aprendí con un compañero que venía a mis charlas y le pregunte que significaba para él estar preso y me dijo que es más duro pero es casi lo mismo que estar afuera, yo le dije pero vos estas en una celda y él me dijo no te creas profe vos te pensas que los de afuera no están presos, cada uno tiene su propia celda, siempre estamos presos de algo, del trabajo, de la sociedad, de la forma de vestirse, ahí me puse a pensar cuales son mis celdas y miedos. Otra cosa que aprendí fue cuando les pregunté por qué roban, me decían profe el fierro en el costado, el frio que sentís en la cintura te da una adrenalina y un poder que no te da nadie, y te imaginas ese poder en una sociedad donde no son reconocidos, los negros los pobres, entonces ellos con el arma se creen dueños del mundo, y ahí reforcé lo que siempre planteo que hay que cambiar esa definición de poder, para que manejar el poder, los políticos que tienen poder absoluto y después caen presos por cosas insólitas.

“Un buen líder es aquel que permite liderar y ser liderado”

¿Qué es para vos hacer mucho con poco?

Tener mucho o tener poco depende de uno, yo te puedo decir tengo poco, porque no tengo una casa con patio como me gustaría, no tengo 3 autos, o varios títulos universitarios, ahora la cantidad de cosas que tengo es impresionante, es mucho lo que tengo pero para todo lo que quiero hacer es tan poco, entonces me parece que está bueno pensarlo desde esa lógica, las personas piensan que hay que tener demasiado para arrancar o para hacer y la verdad es que se puede empezar con nada y lograr muchas cosas.

¿Qué es democracia?

Es tan variada esa respuesta, porque obviamente vivimos en democracia, por más de que los medios digan lo contrario no es una dictadura, ahora qué hace uno por mantener esta democracia. A mí siempre me preguntan si tenemos un Estado democrático, pero que es el Estado, o que la democracia hace al Estado, y el Estado somos nosotros y tenemos el poder de ser democráticos o no, y cada uno tenemos ese poder todo el tiempo y en todas las acciones como padre con mis hijos, como ciudadano, como empresario, entonces para mí la Democracia se define a partir de cómo la ejerce